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UNA VUELTA AL COLEGIO MUY PREOCUPANTE

Como cada mes de septiembre en muchos hogares los niños preparan las mochilas del colegio y se disponen a comenzar un curso nuevo, algunos por primera vez. Este curso bajo la amenaza del virus y el miedo al contagio
El verano va tocando su fin y a muchos padres les parecía imposible que llegara este momento de la vuelta al cole. Puede que muchos piensen que el periodo vacacional de los alumnos es demasiado largo, este periodo ha sido larguísimo, desde el mes de marzo y muy difícil de compaginar con la vida laboral.
Los niños se sienten contentos de reencontrarse con sus amigos de clase, de compartir las aventuras del verano, de estrenar  sus nuevos materiales escolares y de conocer a sus nuevos profesores y tutores.

El interés por ser buenos padres va en aumento y son muchos los que se inscriben a cursos de formación familiar o participan en las Asociaciones de Padres de los colegios para encontrar ayuda a la hora de solucionar los problemas que día a día aparecen en las familias. En esto…

¡Todo es un Desastre! Las Reflexiones de un Humilde Autónomo.


No oigo más que críticas y malos augurios. Los planes que se proponen son todos ruinosos, pero no he leído, ni oído, aunque probablemente exista, contrapropuesta alguna que ayude a resolver la intensa crisis que vivimos. Hoy más que nunca se necesita valentía por parte de todos los actores sociales para resolver un problema que nos ha caído encima sin esperarlo, del que aún se desconoce su origen, quizá porque no hay interés en que se conozca.

Todos miramos al gobierno esperando que resuelva nuestras particulares desgracias con su varita mágica, olvidando que no nos gusta pagar impuestos, cada uno según sus posibilidades; que no queremos asumir unos riesgos que ayudarán a crecer y mejorar la sociedad y que son inherentes a la propia vida.

Corren malos tiempos, en los que veo que aquellos que más tienen son los que más piden afectados por la amnesia de los brutales beneficios obtenidos en ejercicios anteriores y que ahora, de repente, han desaparecido.


No hay peor situación que aquella desconocida y sobrevenida, pues no hay oportunidad de tomar decisiones consistentes y esperanzadoras, estando obligados a utilizar el método de ensayo y error, adquiriendo así la experiencia necesaria para superarla.

A mi solo se me ocurre tener paciencia y solidaridad, aportando lo que cada uno pueda de acuerdo a sus posibilidades. Son tiempos de sacrificio para todos, en especial de aquellos que más han recibido, ya que tienen que ser conscientes de que sin las personas cualquier proyecto va al fracaso, como nos ha demostrado el confinamiento: no hay gente, no hay negocio. Son tiempos de negociación en las que la premisa de partida es: todos, sin excepción, estamos perdiendo.


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