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REPÚBLICA POR A COLUMNA

  REPÚBLICA Tengo el alma tricolor y la cintura ceñida de Justicia.   Ahogando las voces prendida,   buscando voy ¡¡¡la libertad!!!   ¿Cuando volverá   el tiempo perdido?   En los campos enterrado el silencio   gritado callado vuelve ahora,   a ser trigo.   Semilla   en dignidad   amparada verdeará,   en mil colores teñida.   Rojo,   Amarillo y morado ondean   en el horizonte,   nuevos y jóvenes   brazos.   A. COLUMNA REPUBLICANO Llamadme republicano Llamadme Llamadme entre los bosques y los claros   Llamadme republicano Llamadme   Con la voz de la zarza Que por fin atenaza al amo Con la temible acción del agua Sobre mi rostro ahogado   Llamadme republicano Llamadme entre clarines y trompetas Llamadme entre los alisos de mi osario Que mi corazón de niño Estallará en todas las manos Porque mi intención es franca Desde todos los tiempos de mis actos   Llamadme republicano Por aquellas que murieron y mataron Entre estertores heroicos Y dolores inhumanos   Llena su mirada de amor Por igual

HOMEMAJE A JULIÁN FRAILE POR SU HIJA MAGDALENA.

 

A LA MUERTE DE MI PADRE (16-9-1995)

Todo se te acabó en esta vida, en la que tanto luchaste y tanto sudor dejaste.

Con penurias y miserias y al abrigo de tus padres, pasaste una corta infancia y fuiste

precoz adulto, pues la vida te obligaba en aquellas circunstancias.

Sin medios y sin recursos, formaste una familia humilde, pero muy rica en

afectos y cariños fraternales, pues la esposa que elegiste lo supo dar a raudales.

Según fuiste madurando y saliéndote las canas, la vida te recompensó, con lo

que te negó en tu infancia. ¿Cómo te duró tan poco, eso que tú anhelabas?

Perdiste a tu ser querido, (esposa) cuando más feliz estabas y por si esto fuera

poco, eras preso de una grave enfermedad que te acechaba.

A pesar de tu tristeza, fuiste muy valiente ¡PADRE!, a la enfermedad hiciste

pecho para seguir adelante, luchando y luchando fuerte con tu ánimo constante, para

poder ignorar el mal que tenías delante.

Aunque tú le hicieras frente para poder ocultarlo, cuantas veces no podías y en

tu rostro demacrado, la vida te iba anunciando, que tu fin ya está llegando.

Fue una fatídica tarde a finales de verano, tu cuerpo ardía de dolor tú lo

premeditaste, que eso era el final del terrible desenlace.

Dijiste adiós a tus nietos y la habitación dejaste, con la fiebre de la muerte al

hospital te marchaste. Las horas de tu agonía fueron inolvidables, queriéndote alargar

la vida, pero ésta ya se iba a reunirse con mi madre.

Alrededor de tu lecho, todas tus hijas y yernos, te dimos el último adiós y el

último beso. Te quiero y no te olvidaré PADRE.



Magdalena.F.

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