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DE DIOS, DEL HOMBRE, DE LAS MÁQUINAS

  DE DIOS, DEL HOMBRE, DE LA MAQUINAS Al caer en la cuenta de que las maquinas son capaces de realizar acciones que nosotros no somos capaces de llevar a cabo, lo cual pondría   en evidencia que lo creado puede superar a su creador, recordé el pasaje del Génesis sobre la Torre de Babel, -para mi recurrente al tratarse del primer tratado de psicología que se conoce-, donde se hace referencia simbólica a la creación de los idiomas: Cuando viajaron de oriente h allaron un valle donde se encontraban restos de la sabiduría de los antiguos que permanecía allí de los hijos del Diluvio, y a través de ella intentaron realizar actos en contra de lo Alto, y pronunciaban con sus bocas todo tipo de hechicerías y juramentos malignos e hicieron su obra. Y he aquí que son un pueblo con un mismo idioma y una misma voluntad, y nada los retraerá de lo que tengan pensado hacer. Descendamos entonces y confundamos sus lenguas, y así no compartirán la misma voluntad y no podrán prevalecer sobre lo alto. Este

ALGUNAS ETERNIDADES

 

ALGUNAS ETERNIDADES

Los animales y las plantas disfrutan de la eternidad de ser comidas, la “eternidad compartida”. Los hombres, a diferencia de todo lo creado, la quieren solo para ellos, por eso inventaron el cuadrado, que no existe en la naturaleza, para encerrarse en él y permanecer siendo “uno” después de muertos; la “eternidad individual”. También los cementerios para recordarla, donde comparten la del ahora, que es la propia piedra que la contiene, su visión, y su instante; la del antes que es el recuerdo; y la del después, que es el pensamiento que se mantiene como esperanza para algunos o como memoria de lo que será para otros; aunque la eternidad sea siempre la misma y no tenga presente, pasado, ni futuro, porque es instantánea, “ahora”. 

Qué extraña naturaleza la del hombre que se muere por adelantado al quedarse sin instante y ni la muerte comparte ni en ella se olvida, y antes de renacer a una vida nueva de átomos rehecha y ser como una flor o un pájaro o su después que será ellos o todos a la vez, prefiere la “eternidad  consciente”, de cada uno, para vivirla sola en sus casas eternas de ningún sitio aunque para ello tuviera que inventar el infinito, la “eternidad de ahora” o la nada, su ausencia de ahora. Quedarse para siempre en el arte y en los objetos, o en la vida misma a través de la ciencia. Y en imágenes, lo más civilizado que se nos ocurrió, la “falsa eternidad”, “la eternidad virtual”. 

JMC

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