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¡QUIERO LAS FLORES EN VIDA!

En estos días el que más y el que menos tiene a alguna persona querida que falleció y que para recordarla y honrarla le lleva flores al cementerio. Desde mi más profundo respeto a todas esas personas, yo prefiero regalarlas en vida. Muchas veces le repito a mi hijo que en mi funeral no quiero ni una flor. Cada vez que acudo al tanatorio y veo tantas coronas con dedicatorias, con mensajes cargados de emoción y agradecimiento, me pregunto si serán sinceros, o es puro acto social y apariencia . Ciertamente muchos mensajes salen del corazón, pero otros dejan mucho para reflexionar. Seguramente todos conocemos casos d e familias que no se hablan en vida y cuando un familiar fallece, todo parece perfecto, como una excelente interpretación teatral que tiene que representarse para el público, y cuando el funeral termina, se vuelve a la realidad, a las discusiones. Sí, a mi me gustan l as flores en vida . Tengo mi jardín lleno de rosas qu...

ALGUNAS ETERNIDADES

 

ALGUNAS ETERNIDADES

Los animales y las plantas disfrutan de la eternidad de ser comidas, la “eternidad compartida”. Los hombres, a diferencia de todo lo creado, la quieren solo para ellos, por eso inventaron el cuadrado, que no existe en la naturaleza, para encerrarse en él y permanecer siendo “uno” después de muertos; la “eternidad individual”. También los cementerios para recordarla, donde comparten la del ahora, que es la propia piedra que la contiene, su visión, y su instante; la del antes que es el recuerdo; y la del después, que es el pensamiento que se mantiene como esperanza para algunos o como memoria de lo que será para otros; aunque la eternidad sea siempre la misma y no tenga presente, pasado, ni futuro, porque es instantánea, “ahora”. 

Qué extraña naturaleza la del hombre que se muere por adelantado al quedarse sin instante y ni la muerte comparte ni en ella se olvida, y antes de renacer a una vida nueva de átomos rehecha y ser como una flor o un pájaro o su después que será ellos o todos a la vez, prefiere la “eternidad  consciente”, de cada uno, para vivirla sola en sus casas eternas de ningún sitio aunque para ello tuviera que inventar el infinito, la “eternidad de ahora” o la nada, su ausencia de ahora. Quedarse para siempre en el arte y en los objetos, o en la vida misma a través de la ciencia. Y en imágenes, lo más civilizado que se nos ocurrió, la “falsa eternidad”, “la eternidad virtual”. 

JMC

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