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SONRISAS A LA CARA Y PUÑALADAS A LA ESPALDA

  Seguramente lo que voy a relatar  a continuación le ha sucedido a muchas personas. En el camino de la vida nos encontramos con individuos, casi siempre del círculo más cercano, que te alaban con frases como: " Tú vales mucho, qué bien haces las cosas, qué inteligente, me encanta estar entre tus amigos.....bla, bla, bla..." Ese tipo de personas siempre están en encefalograma plano, no se alteran, utilizan palabras cariñosas y te quieren hacer creer que lo dicen de corazón. Mientras, al otro lado, la persona que recibe esos piropos, si es medianamente observadora, se da cuenta que es fachada revestida de mentiras, envidia y falsedad. Un buen día descubres que guardan un puñal muy afilado y que a la vuelta de la esquina te lo han clavado produciéndote una herida, que ni el mejor cirujano puede coser. Esa herida te llega hasta el corazón y te causa la muerte. Ya nunca más serás la misma y la persona que te clavó el puñal se enterará porque la frialdad, la indiferencia y la di...

CONFORMARSE POR J.M.C.



 CONFORMARSE 

Hablan los portugueses de destinos adelantados o atrasados. Estas frases contienen una declaración de mesura en relación a la vida; la de una línea imaginaria de armonía a partir de la cual aquella aparece como a destiempo, antes o después de lo que en cada momento debe ser. 

Así, un “destino adelantado” supone, por ejemplo, que un joven viva experiencias que no se corresponden con las que debe tener a su edad, para las cuales no se encuentra ni mental ni físicamente preparado, y pueden acabar por destruirle. Mientras “los destinos atrasados” tienen que ver con las experiencias que a una determinada edad se deben haber tenido y sin embargo  no se tienen. 

Reflexionar sobre ellas, que es hacerlo sobre el “equilibrio” o el “término medio en el vivir”, es tan profundo, complejo y relativo, que resulta imposible obtener una respuesta; porque a mi parecer, teniendo en cuenta la influencia del medio, cada persona nace con una determinada inclinación y  con la necesidad de tener las experiencias que le permitan colmarla. Y si a esto le unimos la aspiración universal de nuestra mente, dirigida en último término a la inmortalidad, o/y a “la eterna juventud” que el cuerpo es incapaz de proporcionarle, llegamos a la conclusión de que ese equilibrio resulta en principio imposible; cuando a mayor abundamiento, a diferencia de antaño, la ciencia nos ha dado la esperanza íntima de que “todo” lo es. 

Esta realidad nos hace rebeldes e inconformes con nuestro estado, sea cual sea. Los jóvenes, aunque parezcan conformarse con la realidad virtual de las imágenes de las cosas, permanecen como seres atolondrados, y al darse cuenta, aspiran a tener experiencias más allá  de los límites que les impone su cuerpo. Los maduros andan presos de adolescencia prolongada, o de la inquietud de no poder encontrar el equilibrio que todo ser precisa; como si hubieran desperdiciado el tiempo, o no pudieran llegar ya, y mientras tanto se consumen en olvidos o banalidades intrascendentes. Y los mayores se comportan como viejos a quienes les falta tiempo, en lugar de hacerlo como ancianos que lo tienen en sí mismo fruto de la experiencia, y les hace servir de ejemplo.

¿Que nos queda?: a mi parecer, adecuarse a la vida, ser conscientes en cada momento de lo que se es; y en última instancia, no como algo impuesto, sino como una actitud ante ella, conformarse. 


JMC




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