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EL COMPRADOR DE SONRISAS.

  EL COMPRADOR DE SONRISAS Gustavo Sampaio da Conceiçao era un niño que en apariencia lo tenía todo empezando por lo más importante: unos padres que lo querían y que además eran de buena familia. Dicho esto en el sentido de su capacidad económica, porque de buena familia son todos los padres.   Pero como todo tiene su parte negativa, quizás por ser hijo único y considerarlo sus padres el blasón familiar, llevó una niñez dura, de mucho sacrificio y poco juego, lo cual se debía al deseo de su madre de dar lustre al apellido Sampaio, poseedor de tierras y propiedades, pero según algún pescoço esticado (cuello estirado) pobre en la sangre al descender sus ancestros de tupí antropófaga aunque fuera princesa, y de portugués   conquistador medio noble, para más señas; y la de su muy católico padre, hijo primero de familia aristocrática, rica en alcurnia y pobre en hallares; la de proveer de caudales a un apellido que no había sabido cambiar la grandeza de Portugal por la inmensidad da terra

LAS VENTAJAS DE COMPRAR EN EL BARRIO


A mí, como a muchas otras personas, me gusta comprar en las tiendas cercanas a mi casa, el pequeño supermercado que tiene de todo, la pastelería, la panadería o la óptica. El contacto con sus empleados o dueños me hace feliz. Me siento persona y no número del monitor. Me conocen y yo les conozco, sé sus nombres y se dirigen a mí por el mío. Existe una relación más humana que la de comprador y vendedor como sucede en las grandes superficies.
Quiero presentar a los dueños de COALIMENT , situado en el paseo de San Vicente  30. Esta familia compuesta por Antonio Luís Crego Pérez, su hermano Jesús y su mujer Verónica, regentan un supermercado desde 1995 cuando  abrieron DUENDE. Ha cambiado de nombre, pero la esencia familiar y la atención al cliente se ha mantenido. 

Me gusta entrar en el supermercado porque puedes encontrar de todo, fruta, carne, congelados, pan y una gran variedad de exquisiteces y si se han agotado o no están en su catálogo, te las proporcionan.
Valoro su trato, su amabilidad y sus consejos para asegurarme que llevo los mejores productos.

Cuando estás en su supermercado se respira un ambiente familiar, conocen a casi todos los clientes, desde el estudiante “pijo” hasta el pensionista que trata de estirar su pensión con las ofertas.
Esta NAVIDAD, todos deberiamos de hacer un esfuerzo y comprar en los pequeños comercios como el de Luís, Jesús y Verónica, que están tratando de continuar con el negocio que primero su abuelo y despues sus padres y tíos, levantaron con tanto esfuerzo. No dejemos que las grandes superficies se coman a los negocios como este, de toda la vida.
Desde estas líneas animo a los lectores a que hagan sus compras de Navidad en el supermercado del barrio como Coaliment.
Gracias a Luís, Jesús y Verónica por seguir el ejemplo de sus padres y no rendirse, a pesar de las dificultades. La mejor recompensa es conocer que los clientes les estimamos porque son PERSONAS, que aman su trabajo y transmiten ilusión y confianza a los clientes.

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