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VOY A TIRAR LA BASURA

Hace unos dias desayuné con varias amigas, de distintas edades. En la conversación, salió el tema del reparto de tareas domésticas y la injusticia que sufrimo s. No existe igualdad en nuestra generación.  Parece que la de nuestros hijos se aproxima más, pero no del todo. Nos quejábamos de las dificultades de criar a los hijos, de trabajar fuera de casa y de llevar el peso de las tareas domésticas. Todas coincidimos que a los hombres se le da muy bien sacar la basura. Parece que con esta tarea tuvieran cubierto el cupo de tareas compartidas. ¡ Señoras, amigas, hijas, nietas, alcen la voz y conciencien a las parejas, que las tareas domésticas son de todos y para todos! En esta sociedad donde reivindicamos tanta igualdad, en temas domésticos, aun está a años luz de conseguirse.  Reflexionemos sobre el tema y comencemos nosotras a sacar la basura, quizá así se den cuenta que compartir tareas es otra cosa. Nati Cabezas

TU CARA ME GRITÓ TU DOLOR



 Hace más o menos dos meses que nos encontramos por primera vez , pero después de media hora de conversación, sentí que te conocía de toda la vida. Los temas fluyeron porque nos une la profesión y los valores sociales. A partir de ese momento la comunicación ha sido por teléfono, mensajes de whatsApp 
y Facebook.

Hace una semana nos volvimos a encontrar, esta vez más relajadas y compartiendo mesa y conversación con nuestras parejas, pero yo miraba tu cara  y aunque no decías nada, yo sentía que un dolor estaba recorriendo tu cuerpo.  Por momentos recordé esa fría sensación que en tantas ocasiones se apodera del mío y aunque quieres disimular, no puedes. Observé tu cara desencajada y me pareció que habías envejecido diez años. Un fuerte deseo por ayudarte me impulsó a ofrecerte un remedio natural para que te aliviara el dolor, pero en realidad este es el fruto de tanta carga, tantas preocupaciones,  tantas responsabilidades, tanto sentimiento de culpa y la impotencia por no poder gritar a los cuatro vientos todo lo que llevas dentro.

Querida amiga, sé como te sientes y me he visto reflejada en tí. ¡Cómo te comprendo aún sin decirme nada!

Me gustaría poder ayudarte más,  pero eres tú la que tiene que levantar el ancla y soltar amarras. Deja que la marea de tu vida diaria te haga navegar por mares desconocidos y encuentres un puerto o una playa donde puedas por fin descansar.


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