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SONRISAS A LA CARA Y PUÑALADAS A LA ESPALDA

  Seguramente lo que voy a relatar  a continuación le ha sucedido a muchas personas. En el camino de la vida nos encontramos con individuos, casi siempre del círculo más cercano, que te alaban con frases como: " Tú vales mucho, qué bien haces las cosas, qué inteligente, me encanta estar entre tus amigos.....bla, bla, bla..." Ese tipo de personas siempre están en encefalograma plano, no se alteran, utilizan palabras cariñosas y te quieren hacer creer que lo dicen de corazón. Mientras, al otro lado, la persona que recibe esos piropos, si es medianamente observadora, se da cuenta que es fachada revestida de mentiras, envidia y falsedad. Un buen día descubres que guardan un puñal muy afilado y que a la vuelta de la esquina te lo han clavado produciéndote una herida, que ni el mejor cirujano puede coser. Esa herida te llega hasta el corazón y te causa la muerte. Ya nunca más serás la misma y la persona que te clavó el puñal se enterará porque la frialdad, la indiferencia y la di...

TU CARA ME GRITÓ TU DOLOR



 Hace más o menos dos meses que nos encontramos por primera vez , pero después de media hora de conversación, sentí que te conocía de toda la vida. Los temas fluyeron porque nos une la profesión y los valores sociales. A partir de ese momento la comunicación ha sido por teléfono, mensajes de whatsApp 
y Facebook.

Hace una semana nos volvimos a encontrar, esta vez más relajadas y compartiendo mesa y conversación con nuestras parejas, pero yo miraba tu cara  y aunque no decías nada, yo sentía que un dolor estaba recorriendo tu cuerpo.  Por momentos recordé esa fría sensación que en tantas ocasiones se apodera del mío y aunque quieres disimular, no puedes. Observé tu cara desencajada y me pareció que habías envejecido diez años. Un fuerte deseo por ayudarte me impulsó a ofrecerte un remedio natural para que te aliviara el dolor, pero en realidad este es el fruto de tanta carga, tantas preocupaciones,  tantas responsabilidades, tanto sentimiento de culpa y la impotencia por no poder gritar a los cuatro vientos todo lo que llevas dentro.

Querida amiga, sé como te sientes y me he visto reflejada en tí. ¡Cómo te comprendo aún sin decirme nada!

Me gustaría poder ayudarte más,  pero eres tú la que tiene que levantar el ancla y soltar amarras. Deja que la marea de tu vida diaria te haga navegar por mares desconocidos y encuentres un puerto o una playa donde puedas por fin descansar.


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