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ESTE RESTAURANTE NO ES EL PATIO DEL COLEGIO.

Hace pocos días un amigo  me pidió que escribiera sobre este tema: El comportamiento de los niños en los restaurantes. Muchos padres salen a comer a restaurantes con sus hijos y en ocasiones se reúnen con otros amigos que a su vez llevan a sus hijos. La verdad que es muy bonito cultivar la amistad y disfrutar de ella. Las reuniones de amigos ayudan a perder el estrés, a compartir los problemas a buscar soluciones entre todos, todo esto está fenomenal.   Si observas a estos grupos en los restaurantes te das cuenta que la mayoría son muy felices y se olvidan, entre platos, vinos, cervezas y chupitos de que llevaron un puñado de niños que en cuanto terminan el filete con patatas fritas y se comen el helado, se apoderan del espacio del comedor como si se tratara del patio del colegio. Corren, gritan juegan al pilla pilla entre las mesas , se tiran al suelo con el peligro de que el camarero tropiece y derrame  la comida encima del niñito, que inmediatamente va corriendo a ll...

TU CARA ME GRITÓ TU DOLOR



 Hace más o menos dos meses que nos encontramos por primera vez , pero después de media hora de conversación, sentí que te conocía de toda la vida. Los temas fluyeron porque nos une la profesión y los valores sociales. A partir de ese momento la comunicación ha sido por teléfono, mensajes de whatsApp 
y Facebook.

Hace una semana nos volvimos a encontrar, esta vez más relajadas y compartiendo mesa y conversación con nuestras parejas, pero yo miraba tu cara  y aunque no decías nada, yo sentía que un dolor estaba recorriendo tu cuerpo.  Por momentos recordé esa fría sensación que en tantas ocasiones se apodera del mío y aunque quieres disimular, no puedes. Observé tu cara desencajada y me pareció que habías envejecido diez años. Un fuerte deseo por ayudarte me impulsó a ofrecerte un remedio natural para que te aliviara el dolor, pero en realidad este es el fruto de tanta carga, tantas preocupaciones,  tantas responsabilidades, tanto sentimiento de culpa y la impotencia por no poder gritar a los cuatro vientos todo lo que llevas dentro.

Querida amiga, sé como te sientes y me he visto reflejada en tí. ¡Cómo te comprendo aún sin decirme nada!

Me gustaría poder ayudarte más,  pero eres tú la que tiene que levantar el ancla y soltar amarras. Deja que la marea de tu vida diaria te haga navegar por mares desconocidos y encuentres un puerto o una playa donde puedas por fin descansar.


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