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EL COMPRADOR DE SONRISAS.

  EL COMPRADOR DE SONRISAS Gustavo Sampaio da Conceiçao era un niño que en apariencia lo tenía todo empezando por lo más importante: unos padres que lo querían y que además eran de buena familia. Dicho esto en el sentido de su capacidad económica, porque de buena familia son todos los padres.   Pero como todo tiene su parte negativa, quizás por ser hijo único y considerarlo sus padres el blasón familiar, llevó una niñez dura, de mucho sacrificio y poco juego, lo cual se debía al deseo de su madre de dar lustre al apellido Sampaio, poseedor de tierras y propiedades, pero según algún pescoço esticado (cuello estirado) pobre en la sangre al descender sus ancestros de tupí antropófaga aunque fuera princesa, y de portugués   conquistador medio noble, para más señas; y la de su muy católico padre, hijo primero de familia aristocrática, rica en alcurnia y pobre en hallares; la de proveer de caudales a un apellido que no había sabido cambiar la grandeza de Portugal por la inmensidad da terra

¡QUIERO LAS FLORES EN VIDA!









En estos días el que más y el que menos tiene a alguna persona querida que falleció y que para recordarla y honrarla le lleva flores al cementerio.
Desde mi más profundo respeto a todas esas personas, yo prefiero regalarlas en vida.

Muchas veces le repito a mi hijo que en mi funeral no quiero ni una flor.


Cada vez que acudo al tanatorio y veo tantas coronas con dedicatorias, con mensajes cargados de emoción y agradecimiento, me pregunto si serán sinceros, o es puro acto social y apariencia. Ciertamente muchos mensajes salen del corazón, pero otros dejan mucho para reflexionar.

Seguramente todos conocemos casos de familias que no se hablan en vida y cuando un familiar fallece, todo parece perfecto, como una excelente interpretación teatral que tiene que representarse para el público, y cuando el funeral termina, se vuelve a la realidad, a las discusiones.
Sí, a mi me gustan las flores en vida. Tengo mi jardín lleno de rosas que me recuerdan lo bonita que es la vida, pero me gustan más esas flores que te regalan las personas que te quieren y que no tienen apariencia vegetal pero sí huelen y son hermosas; esas flores transformadas en momentos agradables, en sonrisas, en miradas y atenciones, en palabras sencillas y a la vez grandes como un ¡TE QUIERO!.

Cada primavera cuando comenzaban a florecer los rosales, las primeras rosas se las regalaba a mi madre y las iba sustituyendo hasta que se terminaban. Hoy las coloco en jarrones hermosos y me acuerdo de ella.


Todos tenemos a nuestro lado personas a quien podemos regalar una vida mejor, sin amargura sin reproches, sin odios. Una vida llena de sencillez y procurando que cada momento sea como una flor, frágil, bello y cargado de respeto.
Quiero terminar dedicando unas palabras a mi padre, que como a mí, le gustaban las flores en vida. De él aprendí que los momentos felices vividos junto a los que más quieres, son las rosas más perfumadas, porque su aroma permanece siempre junto a nosotros. 

Comentarios

  1. * Recoged ahora las rosas de la vida, porque el tiempo jamás detiene su vuelo y esta flor que hoy se abre, mañana estará marchita.*
    Walt Whitman.

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  2. Q palabras más bonitas.......llegan directas al corazón 😍😍!!! 💐

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  3. Las mimosas que anuncian la entrada de la primavera en mi calle donde vivo, los rododendros y las camelias que en verano inundan mi jardín, las dalias que en otoño siempre compro porque me traen recuerdos de mi infancia, y en invierno, en febrero, las rosas rojas en mi habitación para recordar con amor a mi padre. Las flores me acompañan y me recuerdan el paso del tiempo.

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